La voz de un amor llamado tango
«En la gomería de mi papá en ese tiempo nos reuníamos con un grupo de amigos. Mi papá llevaba el bandoneón y yo cantaba algunos tangos.
Dejé de cantar en la peña en 1983. Yo no fui músico ni cantor, cantaba porque me gusta, nada más. Me hubiese gustado mucho ser cantor de tango.
A veces me reúno con los muchachos en el bar y me hacen cantar, me cargan, se ríen. Lo hago solo en momentos de ocio.
Siempre me encantó la música y el tango. Siempre escucho tango, lo sigo viviendo. Tengo mis cassettes, me acuesto a la noche y escucho una o dos horas. No me canso de escuchar tango.»
Néstor Barbero, Sunchales, mayo de 2021.