
Américo Aresca fue parte entrañable del paisaje humano de Sunchales.
Vendedor de lotería, caminante incansable y amigo de todos, dejó una huella hecha de simpatía, honradez y cercanía.
Su recuerdo sigue vivo en la memoria colectiva y en la Plaza Libertad, donde una alegoría lo representa mirando la ciudad que recorrió y quiso toda su vida.
Porque Américo es, para siempre, el Amigo Sunchalense.